#OpiDSD El Sistema de la NO Salud en Venezuela por @FranciscoPiRaM #VenezuelaMuere

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La salud en Venezuela es algo utópico. Público o privado ya no importa, enfermarse es uno de los miedos más grandes de un venezolano hoy en día. Y quizá, como todo lo demás, es algo a lo que nos (mal) acostumbramos, pero el drama de la catástrofe familiar de enfermarse no es algo que se aprecie hasta que le pasa a uno o a un familiar.  Nos malacostumbramos porque cuando cualquier de nosotros entra a una red social, cuando vemos a alguien pidiendo cualquier tipo de medicamentos, ya es algo “normal”…  pero no, no lo es, y eso es solo el comienzo.

 

 

No puedo hablar desde la perspectiva de un paciente, o un familiar del mismo, en su viacrucis en la búsqueda de medicamentos, pero si puedo hablar desde la perspectiva de mi profesión (médico) y la situación es cada vez más dantesca y medieval. Enfermedades que se resolverían de maneras simples con las pastillas adecuadas en este país se convierte en una catástrofe que comienza en buscar los medicamentos por varios estados del país y termina en hacer una vaca familiar para poder costearlo. Todo esto por algo tan simple como una infección de oído. O una crisis asmática. O hipertensión. O una “subida del azúcar”, o cualquier enfermedad o condición que no debería representar mayor problema. Las emergencias de los ambulatorios u hospitales se abarrotan de estos casos debido a la falta drástica de medicamentos, solo para encontrarse con el siguiente problema: la falta de insumos en CUALQUIER ESTABLECIMIENTO DE SALUD. No importa si es dependiente de una gobernación de la dictadura o no. NINGUNA ESTA DOTADA COMO EL DEBER MANDA. Hospitales que funcionan como ambulatorios grandes haciendo referencias a ambulatorios de emergencias funcionando como lugares de consulta gratuitos que no pueden tratar de manera satisfactoria 95% de dichas emergencias. En muchos lugares ni una sutura es posible ya que hay que mandar al paciente a buscar los insumos en diferentes hospitales cercanos (sutura, guantes, gasas. Todo) para poder atenderlo.  Pero todo lo anterior es solo la punta del iceberg.  Ojala el problema solo fueran otitis y suturas.

 

Si sufres la desgracia de ameritar una hospitalización (o ser el familiar de un paciente que lo amerite) entonces conocerás de primera mano lo deteriorado que está el sistema de salud público de este país. Hospitales públicos que otrora parecían clínicas privadas, hoy plagados de mafias internas y colectivos, faltos de comida, y sin insumos médicos para su funcionamiento mínimo, donde a muchas veces no hay reactivos ni para el examen de laboratorio más simple. Y esta situación se vuelve más dramática mientras la enfermedad sea más grave. Si los antibióticos para una infección de oído se encuentran cercanos a un millón de bolívares, solo cabe imaginarse el precio de los medicamentos (si tienes la suerte de conocer quién los encuentre) para el cáncer y el SIDA, por nombrar dos enfermedades conocidas,  así como medicamentos necesarios para el mantenimiento DE POR VIDA de un trasplante.

 

Por otro lado, sufrimos también cosas como el resurgimiento de enfermedades que habían ya sido erradicadas del país. El paludismo y la difteria cobran vidas DIARIAS, cosa que no se ven reflejadas en los medios por la censura impuesta o autoimpuesta, pero la realidad no cambia por el hecho de no nombrarla. Y duele más cuando es una realidad totalmente evitable de haber tomado las medidas necesarias en su momento.

 

De la perspectiva de los médicos, la situación es deplorable entre el acoso y las amenazas. Muchos casos de médicos que por declarar la realidad del país son llevados presos por cualquier motivo, muchísimos que hemos sido atracados en los pasillos del hospital en donde trabajamos, muchísimos que tratamos un paciente y luego este mismo regresa a apuntarnos con un arma porque fuimos “inocentes” y nos dejamos ver un celular. Muchísimos médicos que hemos sido amenazados, golpeados y acosados por familiares frustrados o criminales que quieren que unos casos salvemos a al paciente sin tener ningún recurso o medio para hacerlo, o que en otros casos lo dejemos morir. Muchísimos médicos que somos amenazados hasta en nuestro propio cuarto de residencia para quitarnos nuestras pertenencias (sea en Caracas, Barquisimeto, Bolívar o selva adentro en Amazonas). Muchísimos médicos que luego de tantos años de estudio y de trabajo nos vemos obligados a buscar entre 2 o 3 trabajos para sobrevivir cuando vemos que cualquier actividad informal da mucho más dinero que una profesional. Muchos médicos que somos insultados por situaciones que escapan de nuestro control. El incentivo para ejercer la profesión en este país no va más allá de ayudar a un paciente, que a veces no lo valora, trabajando en un lugar que no te paga lo suficiente para mantenerte solo, mucho menos a una familia.

 

Lo relatado aquí es solo una pequeña parte, “por encimita” de lo que se vive. El sistema de salud del país es algo digno de estudio de cómo NO se debe gestionar. Cualquier situación imaginable es posible y de seguro ha pasado en algún establecimiento sanitario. Ya hemos visto en las redes mujeres pariendo en las sillas de espera, hemos visto pacientes durmiendo en pasillos de las emergencias, hemos visto diabéticos siendo tratados con refrescos, hemos visto médicos extranjeros recetando hierbas que terminan intoxicando al paciente, hemos visto cualquier cantidad de campañas de donaciones a cualquier cantidad de pacientes por cualquier cantidad de enfermedades. Y a veces es tan inverosímil que da risa por lo poco creíble y barbárico de la situación, pero cabe preguntarse también que   es lo que no hemos visto.  Cabe preguntarse cuántos casos no llegaron a la luz de las redes sociales. Cabe preguntarse  cuantas familias hoy lloran y sufren que nosotros no sabemos.

 

Todo esto lleva de manera obvia y lógica a una cantidad innumerable de muertes sin sentido, que no han debido pasar a lo largo de los años. Muertes de personas con nombre y apellido. Muertes de personas que tenían familia, que dejaron parejas e hijos atrás. Personas que se encargaban de alimentar a muchísimas bocas. Muertes que en Twitter y Facebook ya nos acostumbramos a leer, pero para sus familiares no. Muertes que no esperaron por un referéndum, una salida, un plebiscito, unas elecciones de gobernadores, alcaldes o presidenciales. Muertes que no esperaron por un canal humanitario dependiente de otros países (si es que se da) en vez de buscar la manera de arreglarnos nosotros mismos. Muertes que no preguntaron si votaron por tal o por cual, si fueron a manifestaciones o si las reprimieron, que no preguntaron si tienen el carnet o no, que no preguntaron si apoya o no a la dictadura.

 

Si usted quiere de verdad como está el estado de salud del venezolano, solo comience por pasear por las calles para ver a la gente desnutrida, a la gente comiendo de la basura y acuérdese que ellos son los que gozan de “buena salud”, luego imagine cualquier situación o enfermedad que sea inverosímil en pleno siglo XXI y tenga la certeza que de seguro está pasando en algún establecimiento del país, y por último acuérdese que hasta que no le pase a uno, uno no sabe cómo se sufre con cualquier situación médica. Así que si usted que me lee sigue en el país, le ruego que se cuide, que no se moje en la lluvia, que se lave las manos y que cuide lo que come y el ejercicio que haga, porque nosotros como médicos podemos recibirlo, evaluarlo y diagnosticarlo, pero tratarlo muchas veces se escapa de nuestras manos. #VenezuelaMuere poco a poco, persona a persona. Así que haga lo posible por no convertirse en un número más de una estadística que probablemente nunca llegara a la luz.

 

 

Francisco Matos

Médico Cirujano

@FranciscoPiRaM

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