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Pasadas las múltiples tormentas de arena y la minoritaria, aunque siempre virulenta, conversación polarizada es hora de tocar este tema a profundidad. Si te dejas llevar por las discusiones tontas de las redes y tomas partido atacando a quién piensa distinto, oyendo, te vas a molestar y harás lo acostumbrado: Te sentirás ofendido sin motivo y atacarás al que piensa diferente. Si tienes la mente abierta y quieres entender y conversar sobre las cosas que no te cuadran en internet #NoBeta es para ti.

Te habla Julio Jiménez Gédler, en twitter @Juliococo y esto no es un beta político, esto no es un podcast, esto no es un audio libro, esto no es un análisis improvisado, esto es #NoBeta y conversaremos sobre

La Cancelación ¿Quién Cancela a Quién?

Estoy en total desacuerdo con la Cultura de la Cancelación, me resulta absurdo e ilógico que alguien sea despedido de su trabajo porque algún hecho de su vida personal causó polémica en las redes sociales, como si eso eliminase de raíz su talento y competencia profesional. Se hace solo por complacer a un sector de la audiencia minoritario, hiperconectado y desviado de la realidad que cree que su canon moral es superior; como si fuese un hecho moral dejar sin empleo a alguien por un hecho de su vida privada.

Aún recuerdo, y me indigno, a un señor colombiano en el Mundial de Rusia que por meter licor a un estadio fue despedido de su trabajo. Oigan ¡Un Momento! ¿Qué tiene que ver lo que el señor hace en sus vacaciones con la empresa?

Pero esto es lo mínimo, lo máximo se ve cuando artistas son discriminados laboralmente por sus posiciones políticas y declaraciones públicas, de nuevo ¡Un Momento! ¿Desde cuándo un contrato de empleo limita las Libertades de Conciencia, Expresión y Filiación Política? Lo peor, es que estas arbitrariedades son ejecutadas -precisamente- por los que “Luchan” por la igualdad y en contra de la discriminación; termina siendo una inmoralidad que no puede ser tolerada. Ellos no toleran al que piense distinto y buscan destruirle la reputación y que queden sin ingresos, en la calle; entonces, no pueden ser tolerados. Cuando “cancelan” a un empleado limitan la libertad de cliente/usuario de servirse del valor agregado de dicho empleado, deben ser la audiencia y el mercado los que dicten si es bueno o malo en su profesión y si se deseamos seguir consumiendo sus productos o servicios. Cuando “cancelan” eliminan sin preguntarme mi necesidad o deseo de consumir su producto o servicio porque no cancelan al artista o al empleado o a una marca, a quién cancelan es a mí que -por ejemplo- quiero ver al verdadero Jack Sparrow que es Jhonny Deep.

¿Quién decide?

Toca hacer la aclaratoria que artistas y deportistas son empleados de industrias prestadoras de servicio, el entretenimiento es un servicio y nosotros somos los clientes y usuarios. Un cantante o un jugador no son dioses ni están iluminados de sabiduría para decirnos cómo vivir nuestras vidas, son solo servidumbre nuestra que consumimos sus servicios, somos los clientes. Por ejemplo, lo que diga Lebron James de política no es más importante que lo que diga un barrendero o un ingeniero, son iguales en deberes y derechos, sus opiniones valen por igual, es más, posiblemente el barrendero de una alcaldía sepa más de política que Lebron, él sabe de baloncesto y es muy bueno en ello; pero hasta allí, su opinión debe ser igual a la de cualquier otro ciudadano y nadie lo puso a cargo de decidir cómo deben votar los basquetbolistas para poder jugar baloncesto profesional. Yo pago el paquete de la NBA para verlos jugar, no para oírlos hablar de estupideces que ni saben ni para ver propaganda estupidizante, y tengo todo el derecho de molestarme si despiden a un buen basquetbolista solo porque no está de acuerdo con la línea política impuesta como tendencia, insultan el deporte y nos insultan como clientes. En el momento que el fanatismo elimina nuestros derechos como clientes nos transformamos en borregos víctimas de la propaganda.

El mundo libre es libre por el régimen de libertades (No aplica a Venezuela y hablaré de eso al final), en ese sentido si algún producto o servicio me agrada y se hace de mi preferencia lo consumo a conciencia, y si no me agrada -por el motivo que sea- no lo consumo y ya. Pero es y debe ser mí decisión, no es tolerable que un puñado de poderosos me digan qué debo consumir y qué no, y me toca aceptar por la fuerza de la pantalla que un puñadito de idiotas sin vida propia que pasan mucho tiempo en internet me ataquen porque no lo hago, porque no consumo lo que ellos consumen. Por ejemplo, me pasó con Games Of Thrones, me pasó con los marihuaneros, me pasó con el Fútbol y ahora me pasa con el gremlin verde que metieron en el universo de Star Wars dañando el canon. Por eso me burlo de la vinotinto, por equilibrio, porque sea lo que sea, ni usted ni nadie puede criticarme y lanzarme odio porque no me guste el fútbol, eso como que si yo le lanzara odio porque a usted no le gusta el críquet. Y ese es el problema inducido en la conversación en las redes sociales, todo es propaganda polarizante donde no se respeta la libertad ajena y se pretende que todo hecho y evento se transformen en bandos enfrentados de forma irracional.

Lo inducen porque la polémica y la polarización genera mayor de tiempo de uso de las plataformas y aplicaciones, es lo que genera mayor interacción y -en consecuencia- aporta más data a las corporaciones y nos exponen más a la publicidad, al final, nos obligan a odiarnos por dinero, el odio es negocio en internet. Eso no es libertad ni democracia, es corporativismo puro y duro que siempre ha sido una filosofía tiránica. Varios de los que están leyendo estas palabras, tal vez usted, siempre caen en eso; hasta yo he caído, pero analizando las cosas en frío me fui saliendo del absurdo. El absurdo, la polarización y el condicionamiento del pensamiento son inducidos, y muchos no son más que ratas de los laboratorios de las corporaciones y factores de poder. No lo decides tú, lo deciden ellos, te explico con ejemplo sencillo:

Seguramente has visto los memes de “Elimina 1”, alguien hace la pregunta con 4 opciones en fotografía, ok, pero… ¿Por qué tengo que eliminar una cosa de cuatro que me gustan? ¿Por qué tengo que pensar en eso? ¿De dónde salió la noción que los adultos, pero sobre todo los jóvenes, tenemos que tener pensamientos restrictivos? ¿Por qué me obligan a cancelar algo? Aquí aplica lo del experimento psicolingüístico del Elefante Azul, sin alguien te dice “No pienses en un Elefante Azul”, aunque no existe y la instrucción es que no pienses en ello, en tu mente visualizarás un Elefante Azul. Entiéndelo y asúmelo, la memética es una ciencia muy bien estudiada y su aplicación tiene impactos masivos, esos memes vienen de bien arriba y con campañas pagadas que los popularizan.

Cada meme de moda funciona exactamente igual (lo sé porque me interesé en estudiarlo ya que yo mismo he sido un meme), mismo patrón-misma forma de reproducción y cualquiera que sepa usar herramientas de rastreo de contenido puede dar con los puntos iniciales y cómo se popularizan, luego cada quién hace su meme agregando su toque a la unidad primaria y esencial de información. Tras todo meme hay el objetivo del preacondicionamiento mental y millones de personas hacen campañas gratis a quienes desean insertar esas nociones de forma masiva, la viralidad orgánica es casi inexistente en internet hoy, han logrado sus objetivos con éxito. Por eso siempre me río de la ignorancia suprema de los que dicen “Solo es un meme”.

La cosa ya es tan depravada que hay usuarios que al no tener habilidades mínimas de socialización solo se dedican a publicaciones polarizantes y a cazar polémicas para intervenir y, aunque usted no lo crea, por el volumen de sus mensajes terminan imponiendo los temas de la conversación que, como guinda de la torta, muchas veces son temas ficticios; por eso las #FakeNews y teorías de conspiración se propagan tan rápido como ocurre en este momento con las vacunas ¿Qué tiene en el cerebro alguien que critica y le lanza odio a un médico para vacunarse? Eso es algo de gente loca.

Entonces, hay que decirlo sin complejos, hay usuarios hiperconectados a internet con enfermedades psiquiátricas y problemas emocionales cuya única ventana al mundo son las redes sociales y las usan según la condición de su (no)salud mental, desde allí proviene su perversidad haciendo daños y maldiciendo a los demás en vez de buscar ayuda profesional, obvio, tras el teclado; en la vida real son seres silenciosos y cobardes sin habilidades para afrontar los desafíos reales de la vida social, algunos hasta terminan suicidándose o en episodios graves de violencia intrafamiliar(Por eso también he recibido sendas tormentas de odio, por decir esa verdad). Son poquitos, pero neuróticos, psicóticos, sociópatas y misántropos hacen mucha bulla y pueden imponerte el tema que sobre el que debes pensar y conversar.

Como podrás ver tú no decides sobre qué conversas ni qué consumes, los de arriba apoyados en usuarios perfectamente predecibles y unos cuantos pacientes psiquiátricos imponen los temas y al que diga algo distinto lo cancelan.

Venezuela e Internet.

Siempre debemos repetir la verdad y nuestro contexto, en Venezuela atravesamos la crisis humana más grande y profunda del mundo occidental en la era moderna ocasionada por una tiranía que eliminó libertades y derechos, fracturando nuestra sociedad para dominarla y poner nuestros recursos naturales y humanos al servicio de intereses y poderes perversos. El abuso y el crimen los define.

En el mundo libre las RRSS juegan un papel impactante en la comunicación social, pero los medios masivos siguen dominando el espectro y la formación de opinión, para bien y para mal; acá no es así. El condicionamiento por la fuerza, la censura, la autocensura y control social desde los medios de comunicación oficiales nos pusieron en una posición diferente, las RRSS se convirtieron en la ventana de la libertad de expresión y únicas fuentes de información real; pero eso ha cambiado. La disminución de la conectividad de los venezolanos por los problemas de energía, problemas en los servicios de telecomunicaciones y la caída total de la capacidad de consumo que impide reponer computadoras y teléfonos inteligentes es fuerte y, a eso se suma lo expuesto; ante tanta polémica innecesaria, polarización y mensajes de odio, más muchas mentiras hicieron que miles de venezolanos con acceso a internet se aislaran de las RRSS, muchísimos ni siquiera desean saber de noticias importantes. Incluso, hay autocensura de miles de venezolanos que no opinan ni comparten contenido por temor a las represalias del régimen, pero son muchos más los que no lo hacen para evitar ataques irracionales o caer en la intensidad de los hiperconectados. Así, se ha venido liquidando la comunicación en red en Venezuela con otro datazo, algo verdaderamente determinante, la diáspora.

El ecosistema de la comunicación en internet en Venezuela tiene mucho impacto por los mensajes y contenidos de los venezolanos en el extranjero, cuyos intereses y deseos no son coincidentes con las mayorías dentro de territorio -mayoría desconectada de las RRRS- que terminan influyendo y en muchos casos determinan la conversación de los venezolanos dentro del país. Tanto es así, que influenciadores e impactadores hacen contenido desde el extranjero y ya llegamos al punto donde muchos no les hablan a los venezolanos que estamos dentro, solo le hablan a la los de afuera; esto es natural, por la realidad económica y restricciones legales y financieras que vivimos los venezolanos no somos un mercado atractivo para los creadores de contenidos; la gran mayoría no podemos pagar spotify o patreon o contenido por demanda. Esto pone el esquema de la conversación mucho más compleja porque proyectan más las visiones y representaciones externas que las internas; esto va desde la música hasta el humor, desde el talento científico hasta el deportivo y termina en un vicio, grave vicio.

Muchos reciben los golpes por este vicio y es simple, lógico y natural, pero simple. El vicio es que si los contenidos con mayor proyección provienen de afuera la conversación se dirige a la polarización entre los que están afuera vs los que estamos dentro y, no son pocos, los que muestran total desprecio por los que decidimos quedarnos a conciencia propia y pretenden imponernos sus modos y visiones totalmente desconectadas de nuestra realidad. El vicio hace pico en creadores de contenido e influenciadores que juzgan a la sociedad venezolana como conjunto sin ningún aval científico y con ausencia total de empatía con el sufrir de las mayorías que vivimos en tiranía; esto se transforma en ataques que siempre terminarán en polémicas virulentas. Lo peor, personas totalmente desvinculadas de nuestra realidad y nuestro gentilicio, que solo ven por sí mismos –lo cual es respetable- nos quieren forzar a pensar y actuar como ellos como si viviésemos la misma realidad, pretenden ser un faro moral que solo alumbra con una velita. A su propio modo, pretenden cancelar a Venezuela y a los venezolanos que estamos dentro; por ejemplo: Algunos de ellos intentan a diario hacernos creer la inmensa mentira que lo mejor para todos los venezolanos es que ellos tengan un buen status migratorio ¿En serio? ¿Nos creen tan bobos cómo para que asumamos que la resolución de su circunstancia individual es lo mejor para todos?

Voy más a fondo, la crisis humana venezolana es inédita, es la mayor del mundo occidental en esta era y tiene impactos en todas las áreas y quehaceres de la vida, es obvio que la comunicación en una sociedad fracturada se iba a fracturar, es obvio que los impactos psicológicos y emocionales masivos se iban a exponer en la comunicación y contenidos y, mucho más obvio y se pierde de vista es que muchos adoptasen las culturas externas y pretendan imponer a los de adentro lo aprendido. Así, nos traen problemas que no son nuestros y luchan a diario porque nos sumemos a esas actitudes que nos resultan extrañas. Lo peor de ello se da cuando esa minoría hace mucho ruido, se polariza y su desvinculación con la realidad de las mayorías los lleva a la diferenciación total porque ya  no somos los mismos, entonces, como ya no compartimos nada se molestan con nosotros y arrecian sus ataques y campañas con el resultado que ya comenté hace unos momentos: Mayor polarización y ataques, mayor abandono de la comunicación en red y la falsa noción que esos mensajes y personajes son representativos de las tendencias que de verdad ocurren dentro de nuestra tierra. Craso error creer que esa es la realidad y peor error creer que eso nos lleva por el camino de las soluciones; mientras, como ya lo expliqué, las corporaciones cuentan dinero y el chavismo sonríe porque siendo esos los focos de contenidos y conversación obtienen inmensas cortinas de humo para invisibilizar en internet la realidad social de Venezuela.

Hay que decirlo, a riesgo de lo que sea, que da mucha risa que desde el extranjero pretendan cancelar venezolanos dentro de Venezuela; como si acá pudiesen aplicar las presiones y reglas de juego de los países democráticos; como si acá fuese delito social opinar como lo hacemos de diversos temas y como si sus problemas y deseos son los nuestros. Por eso a las mayorías nos vale verga lo que digan, nos indujeron a eso; nos vale verga la opinión de quiénes no les importamos, nos vale verga lo que digan de nosotros, nos valen verga esas polémicas tontas del primer mundo, nos valen verga los chistes y palabras que no entendemos porque no forman parte de nuestro dialecto, nos vale verga porque estamos concentrados en nuestros problemas reales en nuestro territorio real y es de tontos pensar que es prioridad para los venezolanos en Venezuela que cancelen una comiquita vieja; a nosotros el chavismo nos ha cancelado la vida normal y las corporaciones mediáticas nos han cancelado la libertad de consumo; por eso no los veo tan distintos.

La Red no es neutral.

Lo que no podemos cancelar es la conversación, en ello me sumo y defiendo la razón inicial de internet: La Neutralidad de la Red.

En el inicio, y vaya que yo extraño eso de twitter, la red era neutral; era libertad de expresión y todos éramos iguales; pero al final es un negocio y lo acepto de buena forma, las empresas deben hacer dinero, pero eso se transformó en un poder demasiado grande para unos poquitos que hoy deciden por todo el planeta qué se conversa y qué no, qué podemos decir y qué podemos ver. Es una paradoja cómo inventos impresionantes para la humanidad, nacidos como experimentos liberadores hoy nos controlan y estamos indefensos.

Son muchos los poderes intersectando y cambiando la conversación en internet y esto termina en conversaciones en la cocina de nuestras casas, en los grupos de chat, en cualquier espacio; al inicio fue al revés y es lo que más me fascinó de internet, llevar a los masivo los temas surgidos de las realidades y bases sociales. Ahora, que la conversación es más modelable involucionamos. Antes de internet, los medios de comunicación masivos imponían la información y datos sobre ellos hablábamos todos, sus líneas editoriales configuraban la opinión pública; pero al menos eran especialistas; hagamos un ejercicio:

Si la pandemia del coronavirus hubiese ocurrido en los 90´s lo único que supiésemos al respecto son las declaraciones de los expertos y de las autoridades más uno que otro opinador televisivo o de diario; la información sería uniforme y nos ajustaríamos a hablar solo de ello y sin expresar públicamente nuestras opiniones. Hoy, cualquiera puede investigar y expresarse; eso ayuda que se sepan muchas cosas ocultas -como los testimonios del personal de salud en primera línea-, pero también proliferan las noticias falsas y teorías de conspiración, la propagación del negacionismo y la ignorancia; por ello vemos idiotas criticando a un médico por vacunarse… ¿Usted cree que eso salió de la nada? ¿No hay intereses detrás de esa estupidez?

Defiendo a capa y espada las Libertades de Conciencia y de Expresión y, en ese marco, no queda dudas que la estupidez es un derecho, pero… ¿Cuál es el límite? ¿Quién pone los límites? ¿Los estados? ¿Los dueños empresas de los medios de comunicación? ¿Los dueños de las plataformas de internet?

Pareciera que estamos entrampados, pero no tanto cómo lo pudiésemos pensar, porque al final es usted quién decide qué creer y qué no, y… Muy importante, es usted quién decide qué conversa y qué no, y le invito a recordar:

La conversación en vivo, cara a cara, es el hecho humano que nos define como especie, toda nuestra evolución social en 100.000 años se dio por la comunicación entre nosotros, al momento y para la posteridad, y no es sustituible, la vida no es sustituible por las pantallas, las personas no somos sustituibles por los perfiles en las redes sociales, la humanidad no se suspende por los algoritmos. Sea humano, piense y hable, en ese orden; piense y hable con quién usted quiera, pero… Le repito, piense, porque todo este control es impactando directamente a tus emociones y ya han medido tus reacciones, no permitas que cancelen tu cerebro.

Te habló Julio Jiménez Gédler, en twitter @Juliococo y esto fue #NoBeta

Convérsalo.

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