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El evento reciente en la ciudad de Seattle en Estados Unidos donde surge repentinamente la Capitol Hill Autonomous Zone (Denominada #CHAZ por sus siglas), nos lleva a analizarlo así como solemos reaccionar a cualquier nuevo hecho viral en esta realidad de hiper conectividad y exposición constante a noticias y tendencias de manipulación de la opinión pública: Miramos el titular, algunos tuits y posts al respecto en redes sociales y blandimos nuestra opinión como una espada en la guerra. Sin embargo, este no es un caso tan simple y tampoco es nuevo ni sorpresivo.

No es la primera vez que algo como la Zona Autónoma de Seattle ocurre. La primera y principal referencia histórica es la Comuna de París, movimiento insurreccional que tuvo una duración de 60 días, de marzo a mayo de 1871. La Comuna de París surge como respuesta popular ante el fracaso de Francia en la guerra franco-prusiana (1870-1871), mientras que la zona autónoma CHAZ surge como consecuencia de las protestas estadounidenses en contra del cruel asesinato de George Floyd el 25 de mayo de este año que transformaron la protesta legítima es una ola de vandalismo y propaganda masiva por la acción del ala más extremista del movimiento Black Lives Matter y la infiltración, agitación y organización de las redes ANTIFA. Por supuesto el contexto histórico y los motivos sustanciales para cada uno de estos casos son diametralmente diferentes.

Estableciendo adecuadamente ambos contextos, tenemos que la Comuna de París surge tras la derrota de Francia en la guerra franco-prusiana. Napoleón III, el último monarca de Francia, declaró la guerra a Prusia en Julio de 1870, con resultados desastrosos para Francia que fue derrotada y, posteriormente, Paris fue sitiada por los ejércitos prusianos. Dichos ejércitos, no obstante, se retiraron de forma rápida, mientras que la Asamblea Nacional y el gobierno provisional de la República se mudaron a Versalles dadas las hostilidades que se desarrollaban en la capital. Por este vacío de poder, la Guardia Nacional de París se hace con el control y gestión de la ciudad, lo cual fue bien recibido por la mayoría de la población descontenta por los niveles de pobreza, escasez de comida, los ataques prusianos y con el sistema monárquico. Así, se negaron a aceptar la autoridad del gobierno francés, en ese momento en manos de Adolphe Thiers -que nos recuerda a Bane en el Batman de Nolan- y se conformó la Comuna de París.

En el contexto actual estadounidense se han desarrollado protestas en importantes ciudades denunciando de la brutalidad policial sistemática en contra de la población afroamericana y el racismo institucional del cual estos hechos pudieran ser un reflejo; por ello varios alcaldes y gobernadores han rehusado confrontar con fuerza los actos vandálicos y muchos ciudadanos amparados en la Segunda Enmienda han salido armados en defensa de sus propiedades e intereses. Manifestantes, influenciadores y medios de comunicación acusan directamente al Estado de ser el garante de esta discriminación a través de sistemas policiales y judiciales racialmente injustos, por la glorificación de personajes históricos esclavistas, condenación de la falta de diversidad en la industria del entretenimiento y de empobrecimiento premeditado de las comunidades afroamericanas. El objetivo de todos estos señalamientos han sido específicamente al Presidente Donald Trump, quien ha sido acusado de racista, misógino y de ser responsable no sólo de la crisis que atraviesa EE. UU. por el COVID 19, de las consecuencias económicas y de la salud en la población que trajo dicha pandemia. En ese sentido, las declaraciones de Trump han sido polarizantes, ha dado propuestas inaplicables en el marco legal y cultura estadounidense, lejos a amainar el conflicto genera nuevas reacciones de los manifestantes radicales y de la clase política.

De Paris a Seattle.

En la Comuna de París se registraron diversos elementos que llevaron a su continua romantización[1], y aún en la actualidad es vista de forma positiva por algunas corrientes ideológicas o por personas que sueñan con la utopía de un gobierno de autogestión ciudadana, libres de la opresión del Estado.

Entre las medidas adoptadas tenemos, en síntesis, las siguientes[2]:

  1. Se abolió el servicio militar obligatorio y el ejército permanente, declarando la Guardia Nacional (milicia ciudadana) la única fuerza armada en la que debían organizar los ciudadanos.
  2. Condonó los pagos de los alquileres de las viviendas.
  3. Confirmó en sus cargos a los extranjeros elegidos, ya que “la bandera de la Comuna es la bandera de la república mundial”.
  4. El sueldo mínimo de los funcionarios no podría exceder el de un obrero.
  5. Separación de iglesia y Estado.
  6. Abolición de la guillotina.
  7. Destrucción de monumentos instalados por Napoleón y Luis XV.
  8. Ocupación de las empresas y talleres abandonados por sus dueños.

Por la naturaleza misma de la Comuna, tanto marxistas como anarquistas vieron en ella un ejemplo de sus preceptos: Marx la vio como el primer caso del ejercicio del poder por la dictadura del proletariado, mientras que los anarquistas argumentaban que, ya que no se le había arrebatado el poder el Estado francés ni se había conformado un Estado en sí mismo, la Comuna era claramente un caso de anarquismo. Finalmente, la Comuna de París se extinguió tras la “Semana Sangrienta” cuando la comuna y el movimiento fueron atacados por el Ejército y en la que hubo terribles enfrentamientos que terminaron en masacres.

La Comuna de París es vista como el ideal marxista-comunista, un ejemplo de la dictadura del proletariado, del marchitamiento del Estado, de la democracia participativa como ejemplo de administración. El joven Marx, de acuerdo con Lenin en “Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo”, usa como inspiración la filosofía clásica alemana (Hegel y Feuerbach), la economía política inglesa (las relaciones económicas de producción, las relaciones de dominación y el ciclo del dinero) y el socialismo utópico (demandas de organización social y fórmulas de autodefensa encontradas en la Comuna de París). Posteriormente, tanto Marx como Lenin criticarían a la Comuna de París y deberían su fracaso a su aislamiento, a las disensiones internas, y al hecho de que usaran el Estado burgués, o la estructura de este, para cumplir con sus propios intereses.

La Comuna de París fue duramente criticada por artistas, escritores e intelectuales de la época, quienes abordaron el asunto como una experiencia horrible. Si bien Gustave Courbert formó parte de la iniciativa, criticó duramente las ejecuciones de presuntos enemigos. Anatole France describió la Comuna como «Un comité de asesinos, una banda de vándalos [fripouillards], un gobierno de crimen y locura.» Finalmente, George Sand escribiría: «La horrible aventura continúa. Toman rehenes, amenazan, arrestan, juzgan. Han tomado todo el ayuntamiento, todos los establecimientos públicos, están saqueando las municiones y los suministros de comida.»

En cuanto a Marx y cerrando esta idea, lo cual además nos dará luces a las características del nuevo fenómeno de CHAZ en Seattle, tenemos que:

“Su totalitarismo es radicalmente nivelador y se plasma, entonces, en la idea de una sociedad futura donde se realiza la abolición de toda diferencia y heterogeneidad sustancial. Se trata, con otras palabras, del sueño de una ‘sociedad homogénea’ (…) es decir, una sociedad sin clases jerarquías o grupos de interés, en la cual Estado y sociedad civil se reunifican tal como lo hacen el colectivo y los individuos. Esta utopía totalitaria e igualitaria es, evidentemente, la matriz donde pronto se forjará el sueño comunista de Marx y sus seguidores.”[3]

Tenemos así las puertas abiertas para referirnos al caso de Seattle, con la zona autónoma de CHAZ. El contexto de dicho fenómeno es amplio, y no se limita exclusivamente a los acontecimientos relacionados con el asesinato de George Floyd.

La Comuna de Seattle

El caso estadounidense no es un caso simple de infiltración comunista, ni de los titiriteros del Foro de Sao Paulo; hay suficientes evidencias sobre su intervención y acciones, pero no definen. Este es un problema estadounidense entre estadounidenses que solo es posible por las acumulaciones de crisis y sentimientos en las minorías por causas esencialmente socioeconómicas de vieja data que se potencian con la introducción de las nuevas tendencias de los llamados “liberals” y la agenda progresista, como la ideología de género, el veganismo y el ideal socialista, entre otros; pero llevados a su extremo con piso constituido en una minoría de esta generación llamada “snowflake” por tomar todo comentario u opinión como ofensa, a lo que estos responden con “Ok, boomer” y la “Cancel Culture”.

Los Liberals, cuya traducción laxa sería “liberales” -aunque son diametralmente opuestos a los liberales en el sentido europeo, quienes son afines con el liberalismo clásico-, se inclinan por las doctrinas socioliberales o socioprogresistas que defienden un Estado Social, economía mixta, garantías del derecho de las minorías, salud y educación garantizadas por el Estado y el negacionismo científico e histórico. Dada su tendencia a la defensa de las minorías y a la inclusión de estas, como lo son los afroamericanos, inmigrantes, comunidad LGBT, entre otros, se han creado una serie de parámetros nuevos que se han hecho extensivos a nivel mundial, como lo es el lenguaje inclusivo en el mundo hispanoparlante, la ideología de género y las distintas clasificaciones que la misma ha traído. Esto ha originado un fenómeno de hipersensibilidad ante asuntos que eran comunes, como las acusaciones constantes de apropiaciones culturales, de discriminación y de opresión (generada a través de nociones como el patriarcado). Así, nace el término “snowflake” (copito de nieve) término utilizado para describir a las personas que se ofenden y se afectan fácilmente por las realidades del mundo y que necesitan constantemente de un “espacio seguro” para desarrollarse.[4]

La respuesta de este grupo de personas ha sido, en primer lugar, el “Ok, boomer”, en referencia a la generación baby boomer (1946-1965). Es una expresión fundamentalmente despreciativa, que tiene como trasfondo no sólo el descarte de las opiniones de las personas mayores (usualmente sus padres o abuelos), sino la idea preconcebida de que lo que digan no es válido, pues proviene de una crianza cerrada y esencialmente discriminatoria. Esto es una muestra clara de ageísmo -discriminación por edad-, es la estereotipificación y anulación contra personas o colectivos por motivo de edad.[5]

La segunda respuesta, más general y aplicable a cualquier grupo generacional, es la “Cancel Culture” o la cultura de la cancelación. En ella, el propósito es destrucción moral pública a alguien que no esté de acuerdo con los postulados que dichos grupos defienden, o que haya tenido una opinión pasada que actualmente pueda considerarse como ofensiva. Así, con el linchamiento público, una minoría llama a todos sus seguidores en redes sociales a “cancelarlo”, es decir, a continuar con los señalamientos para, eventualmente, lograr que le sea cerrada su cuenta de red social. Si la persona es famosa, el propósito será entonces no sólo cancelar sus cuentas en las redes sociales, sino que pierda sus futuras contrataciones, ventas, licencias y así, su trabajo. La cultura de la cancelación es, básicamente, el asesinato digital.

La crisis socioeconómica corre en paralelo a estos nuevos fenómenos, que son potenciados en las redes sociales y por los propietarios de las plataformas, tiene sus bases en el nacimiento de las sociedades empresariales. Son ciudades fundadas con plantas industriales, comerciales y de servicios donde una gran cantidad de población negra e inmigrante se mudó a trabajar, obtener movilidad social y superar la pobreza. Estas sociedades prosperaron y se establecieron como poblaciones de clase media, pero el efecto no fue duradero. Recordemos que grandes industrias se mudaron a China ante la mano de obra barata; esto aunado al reacomodo en la adquisición de materias primas y la entrada de mercancía importada masiva llevó estas zonas al desempleo y, en consecuencia, a la pobreza. Un caso icónico de esto se ve en la ciudad de Detroit, caso sobre el cual existe un gran trabajo de investigación en el 2016, realizado por Juan Luis Sánchez para El Diario de España.[6]

Seattle es una de estas ciudades empresariales, contando con empresas importantísimas como lo son Amazon y Starbucks. Es la ciudad más grande del Estado de Washington y, de acuerdo con datos obtenidos en censos entre el 2005 y 2007, cuenta con un 74.1% de población blanca, un 9% afroamericana[7], la más grande población LGBT de Estado Unidos con un 12,9%, y, urbanísticamente, cuenta con una gran cantidad de comunidades colindantes, denominadas “barrios”.

En 1999 se dio el Movimiento Antiglobalización de Seattle, en contra de la reunión de la Organización Mundial de Comercio de ese mismo año, realizándose así la Contracumbre de Seattle. Desde el 29 de noviembre hasta el 3 de diciembre de 1999 se dieron una ola de protestas en contra del plan del momento de la OMC, llamado la “Ronda del Milenio”, la cual era señalada de trabajar a espaldas de los países del tercer mundo y de fundamentarse en intereses mercantilistas más que en intereses sociales. La meta era “(…) exigir una mayor implicación política y social de los organismos internacionales.”[8] 

Actualmente las grandes corporaciones aún son señaladas, no sólo en Estados Unidos sino a nivel mundial, como uno de los grandes culpables de la pobreza y sistemas opresivos, bien sean políticos, económicos o sociales. Quienes fueron niños y adolescentes en ese momento no sólo fueron fuertemente indoctrinados, sino que han pasado dichas ideas a sus familiares y a sus pares en sus comunidades. Irónicamente, desde el mismo capitalismo, las empresas de las plataformas llamadas “redes sociales” acogiéndose al globalismo han dado catapulta a la expansión de una serie de tendencias que tienen como centro el rechazo del capitalismo, la abolición del Estado como se conoce a través de la ruptura del pacto social, para reestructurarlo en un Estado mucho más intervencionista y grande, mermando así las libertades de todos sus ciudadanos en nombre de la inclusión y la justicia social.

El movimiento comunitario que llevó a la creación de CHAZ -que es en esencia un movimiento insurreccional- no es casual, es el acumulado de crisis societarias no atendidas y sus impactos lo que conlleva a la aparición de vanguardias poco sensatas y manipulables por sectores poderosos extremos. Prueba de ello es su lista de demandas o peticiones para el gobierno de Washington; y es este uno de los elementos que la separan de la Comuna de Paris, ya que, si bien ambas se sirven por igual de la estructura estatal existente, CHAZ se limita a “demandar”, mientras que la Comuna de Paris actuó.

Estas son las principales peticiones que podemos encontrar:

  1. El departamento de policía de Seattle y el sistema judicial están más allá de la reforma. No pedimos una reforma, demandamos su abolición. Demandamos que la Alcaldía y el alcalde de Seattle dejen sin fondos y la abolición del departamento de policía de Seattle y el aparato de justicia criminal. Esto quiere decir el 100% de los fondos, incluyendo las pensiones existentes de la policía de Seattle. A un nivel igual de prioridad demandamos que la ciudad ya no permita las operaciones de ICE en la ciudad de Seattle. 
  2. Demandamos que la ciudad de Seattle haga públicos los nombres de los policías involucrados en casos de brutalidad policial. El anonimato no debería ser un privilegio en el servicio público. 
  3. Demandamos que se vuelva a enjuiciar a todas las personas de color que actualmente estén cumpliendo sentencia por crímenes violentos, por un jurado de sus iguales de su comunidad.
  4. Demandamos la abolición del encarcelamiento en general, pero especialmente la abolición de las prisiones juveniles y de las prisiones privadas con fines de lucro. 
  5. Demandamos que el financiamiento previamente usado para el DPS sea redirigido a: A) Salud y Medicina Social para la ciudad de Seattle, B) vivienda gratuita y pública, porque la vivienda es un derecho, no un privilegio, C) educación pública, para reducir el tamaño promedio de las clases y aumentar el salario de profesores, D) servicios de naturalización para los inmigrantes que viven aquí indocumentados (demandamos que sean llamados «indocumentados» porque nadie es ilegal), E) desarrollo general de la comunidad, (parques, etc.)
  6. Demandamos que los hospitales y establecimientos de cuidados empleen a doctores y enfermeros negros específicamente para que ayuden a cuidar a pacientes negros.
  7. Demandamos que las personas de Seattle busquen y apoyen negocios de dueños negros. Tu dinero es nuestro poder y sustentabilidad.
  8. Demandamos que la historia de negros y nativo americanos reciba un mayor foco en el currículum de educación del estado de Washington. 
  9. Demandamos que un entrenamiento exhaustivo libre de prejuicios/discriminación sea un requerimiento legal para todos los trabajos en el sistema educativo, así como en la profesión médica
  10. Demandamos que la ciudad de Seattle y el estado de Washington remuevan todos los monumentos dedicados a figuras históricas de la Confederación, cuyos intentos traicioneros de construir una América con esclavitud como elemento permanente, fueron una afronta a la raza humana.[9]

Así, lo que inició como una serie de protestas legítimas y pacíficas exigiendo justicia por el asesinato de George Floyd debido a brutalidad policial escaló rápida y estructuralmente a un tema de racismo sistémico, privilegio blanco, sistema de salud, sistema educativo, gentrificación, abolición de las fuerzas de seguridad institucionales de las ciudades hasta la restructuración de la narrativa histórica; todo esto en una base de crisis socioeconómica de vieja data que, además, se ha visto empeorada con la pandemia del COVID19 y sus subsecuentes medidas de cuarentenas y cierres indefinidos de negocios. Esto se puede ver reflejado en lo siguiente: “Para Lenin todo conduce a una concepción de la política como la invasión por la cual lo que estaba ausente se convierte en presente; en último término, la división en clases es ciertamente la base más profunda para el agrupamiento político, pero en último término el agrupamiento se establece solamente por la lucha política El comunismo invade literalmente todas las áreas de la vida social, florece con decisión en todas partes cuando el clima es favorable. Si una de las salidas se bloquea con especial cuidado, la plaga encontrará otra, algunas veces las más inesperadas. Por eso no podemos saber qué chispa encenderá el fuego”.[10]

Las demandas que vemos en este pequeño resumen, así como las 30 demandas en su conjunto, son demandas que claramente plantean la ruptura del pacto social. El pacto o contrato social -como tesis y hecho- es la conformación de la autoridad estatal y del orden social. En líneas generales, en el pacto social los ciudadanos le otorgan al Estado una serie de facultades y poderes para que en su uso haya condiciones de seguridad, desarrollo y bienestar. Es decir, es la administración y ejercicio de la autoridad con el cumplimiento de deberes, que se traduce en obediencia a la ley por parte del ciudadano, a cambio de garantizar al ciudadano el uso y disfrute de derechos civiles, económicos, políticos y humanos; como el derecho a la vida, a la propiedad, la igualdad (ante la ley) y a la libertad (de llevar y hacer su vida como mejor le parezca, sin dañar a otros). Visto de ese modo, el establecimiento de CHAZ busca desmantelar a la fuerza del orden del Estado, acabar con sus facultades resolutivas de conflictos, se acaba con una serie de garantías y derechos, como a la propiedad y a la seguridad, y, a la vez, se le exigen al Estado cosas que escapan de los márgenes que cualquier Estado debiese tener para ser un Estado justo, eficiente y democrático. Es un paralelismo entre la búsqueda de la abolición del pacto social y del Estado, pero, a la vez, una búsqueda de engrandecer el Estado y sumarle facultades que deben de permanecer exclusivamente a la iniciativa individual.

Antifastán

Con el panorama más claro podemos ver una serie de elementos en juego que se han construido y diseminado a través de los años, que ha tomado ejemplos históricos que parecen glorificar ciertas ideologías y doctrinas políticas y sirven para que factores de poder actúen con estrategia combinada que termina dando estructura y tomando el liderazgo del movimiento buscando legitimar e imponer la nueva realidad a las mayorías.

Un movimiento comunitario es fundamentalmente un movimiento secesionista cuando es de la mayoría, y un movimiento insurreccional cuando es de una minoría. El caso de CHAZ en Seattle es un movimiento insurreccional, es claro el paralelismo con la Comuna de Paris, fundamentadas bajo la nueva ideología “progresista”, el post marxismo. Esta ideología en sí misma tiene elementos rescatables, que toda persona en sintonía con la evolución de la humanidad puede apoyar, como por ejemplo el matrimonio igualitario, porque su estrategia es tomar causas justas y legítimas para infiltrar y dictar doctrina dentro del movimiento para luego secuestrarlo para su agenda, allí lo negativo, al igual que el esquema de la dictadura del proletariado, se busca dar vuelta a la mesa para hacer de los oprimidos los opresores, en detrimento de la verdadera realización individual bajo un esquema de libertad y de derechos irreductibles progresivos.

Los grupos ANTIFA y Black Lives Matter (BLM), son dos piezas del rompecabezas con las que hay que tener sumo cuidado y a las cuales hay que prestarles suma atención: A ANTIFA por sus acciones, que sin duda han ido escalando a través de los años, así como su participación; y a BLM por su discurso incendiario y revanchista. Ambos grupos tienen una especialidad específica, y es allí por donde captan más seguidores. El discurso ANTIFA, por cierto, ha sido el encargado de cooptar a todos estos grupos que, consciente o inconscientemente, han terminado orbitando a su alrededor. Son estos movimientos los encargados de promulgar no sólo el discurso de odio sino las acciones violentas e insurreccionales que han ido de la mano a éste. No parece ser que vayan a perder fuerza o relevancia, al contrario, van a ser piezas fundamentales en las acciones y virajes discursivos del futuro y son narrativas que hay que trabajar duramente en desmontar.

Los ANTIFAs patrocinan este movimiento insurreccional haciendo uso de las redes sociales y la narrativa progresista intentando destruir el pacto social estadounidense mediante la desestabilización, saben bien que los desequilibrios internos de los Estados Unidos impactan en todo el mundo libre. Recordemos que es en el desarrollo histórico de las democracias y los sistemas de libertades donde se multiplican las capacidades y los talentos humanos para crecer individual y socialmente. Por eso el asedio constante a las democracias, y aunado a esto, como dice Chantal Delsol, hemos visto un debilitamiento de las ideologías universalistas, lo cual ha favorecido el auge de los populismos, convirtiéndose en práctica política común de las democracias occidentales desde los años 90.

Si se destruyese el pacto social estadounidense no cabe duda de que el descalabro mundial será inmenso. Estados Unidos no es sólo la nación más poderosa del mundo, sino que es aquélla con mayor capacidad de influencia, no sólo en el ámbito político y económico, sino en el cultural: “(…) la Ilustración y la formación del método científico y las democracias liberales seculares se formaron y arraigaron en Occidente. Nosotros, sus afortunados herederos, no debemos darlos por sentados y descuidar su defensa. No porque sean occidentales, sino porque han demostrado su eficacia para facilitar el avance del conocimiento y el progreso de los derechos humanos y la igualdad.”[11]

El nuevo milenio y la pandemia global viene con un cambio de paradigma sin precedentes desde la caída del Feudalismo. La mezcla de fundamentos marxistas y posmodernos ha dado luz a un movimiento cegado por los privilegios y el progreso bajo el cual han crecido dándolos por sentado. Algunos sub grupos de generaciones anteriores, como algunos “Baby Boomers” y “Gen X” que también apoyan este tipo de movimientos, son reflejo de aquéllos que vivieron los prejuicios de nuestros antepasados, y quizás no fueron tan afortunados. Por esto, es nuestra tarea -hoy y ahora- ser un muro de contención para todas aquellas ideas y manipulaciones de la opinión pública que buscan desestabilizar a Estados Unidos, y con él, a todas las naciones libres del mundo. Es nuestro deber defender la libertad de la que gozamos y trabajar cada día para hacerla cada vez más amplia y sólida. La ruptura del pacto social y la abolición del Estado que nos haga vivir bajo la dictadura de lo “políticamente correcto” es, sin duda, en donde debemos poner toda nuestra atención y todos nuestros esfuerzos, en aras de un mundo cada vez más libre donde podamos vivir y progresar cada vez más.

Washington

Si bien la historia se repite, el juego político no se da igual dos veces. Si bien la Comuna de Parías y el caso de CHAZ en Seattle son muy parecidos, no concuerdan en contexto ni en evolución. El final, no obstante, puede ser muy parecido, mas no ejecutado de la misma manera.

El Presidente Trump ha mantenido una estrategia comunicacional que lo mantiene activo a los ojos de sus votantes, pero que le mantiene los pies “fuera del barro”. Señalar las consecuencias negativas de este movimiento y señalar cómo quieren acabar con la normalidad y la estructura de la vida diaria de cientos de miles de personas, funciona, y funciona porque el sistema bipartidista se nutre de la polarización y los mayores catalizadores de la polarización son el miedo, la incertidumbre y la indignación.

Negar que el sistema estadounidense necesita reformas no tiene sentido, algunas cosas marchan mal y los cambios son indispensables. Así como las minorías alzan su voz con demandas justas, las mayorías también, aunque la mass media y la social media intenten silenciarlas. Esto supone ajustes para aumentar la capacidad de comunicación y presión por las causas justas, sensatas y lógicas por encima de las agendas extremistas y la dinámica electoral. Pero, reconocer los problemas de sistema obliga también a reconocer sus bondades; es el mismo sistema que protege a manifestantes que rompen cosas, que garantiza la libertad de expresión y manifestación para que sus ideas se propaguen, que garantiza la libertad. Son estas bondades que tanto critican las que permiten que las izquierdas se muevan a placer dentro del sistema político de EEUU y que sea el país deseado por la mayoría de los migrantes del planeta.

Por ello, no serán las fuerzas armadas las que disuelvan CHAZ, así como tampoco lo será el alcalde o el gobernador. Serán los mismos norteamericanos -inspirados en sus padres fundadores- defenderán sus derechos a la propiedad, a la paz, a poseer armas y a la libertad. CHAZ será desmantelada por presiones de las mayorías, es probable que haya violencia pues la frustración acumulada desde el inicio de la pandemia y todo lo que esta ha acarreado, junto con las protestas y los desórdenes en muchas ciudades de Estados Unidos, le han pasado factura a más de uno. No es raro que clubes de motociclistas extremistas se dirijan a ciudades en conflicto a poner el orden por sí mismos y bajo sus propios términos.

Los Demócratas y su candidato Biden tienen poca posibilidad de capitalizar esta situación. Poco se habla de ellos, y de Biden se comenta más lo senil que luce y suena, a lo que pueda decir que sea relevante. Además, son muchos Demócratas que han estado en alguna institución gubernamental por años y tampoco hicieron nada con respecto a lo que ahora critican, así que es prácticamente mínima la credibilidad que puedan tener. El acto donde se arrodillaron usando telas Kente, originarias de Ghana, fue ampliamente criticado incluso por los medios que atacan constantemente a Trump, como el New York Times.

CHAZ tiene todo que perder y poco que ganar, su lista de demandas absurdas y contradictorias en cuanto al papel del Estado en su cumplimiento, están haciendo uso de medidas que ellos mismos como protestantes criticaron, como la requisa de intrusos o pasearse con armas como medida de intimidación, están usando servicios básicos proveídos por el mismo Estado que juran odiar, los jardines autosustentables que están intentando construir han probado ser un gran fracaso, y, además, continúan pidiendo ayuda con donaciones de comida, lo cual no los hace muy independientes que digamos. Comida que, por cierto, tiene todos los elementos posibles de alguien que ha crecido en un ambiente que le promete y otorga progreso, si no ¿Por qué pedirían carne y productos veganos?

Es improbable que prospere demasiado un proyecto similar en otros países, aunque seguirán manifestando y exhibiendo ignorancia tumbando estatuas. Así como las comunas intentadas tras la Comuna de París en otros países son poco conocidas y fueron poco exitosas, si algún otro grupo similar, de ideología similar, lo intenta en otro país, es poco lo que puede hacer. Los contextos son distintos, los momentos políticos y las realidades sociales también, no es algo que pueda integrarse e instalarse como quien arma un proyecto escolar.

Es poca la vida que le queda a CHAZ por delante, pero, así como la Comuna de Paris, es mucho lo que podemos aprender de ellos para que, en el futuro, situaciones amenazantes como estas no se repitan. Tampoco olvidemos que las falencias de los sistemas democráticos se pagan caro.

Joanna Penso

Politóloga en twitter @StellaKarameloh


[1] Ver: https://www.youtube.com/watch?v=nxIcXeGDNd8

[2]Ruiz Galacho, Encarna. (s.f.). La Comuna de Paris y la Doctrina Marxista del Estado. Recuperado de https://www.ecured.cu/Comuna_de_Par%C3%ADs

[3] Rojas, Mauricio. (2019). El Joven Karl Marx y la Utopía Comunista. Penguin Random House Grupo Editorial S.A. Santiago, Chile.

[4]Recuperado de https://www.urbandictionary.com/define.php?term=Snowflake

[5] Recuperado de https://glosarios.servidor-alicante.com/etica/ageismo

[6] Sánchez, Juan Luis. (2016). Detroit, la pesadilla del sueño americano. Recuperado de https://www.eldiario.es/internacional/Detroit-pesadilla-sueno-americano_0_575692867.html

[7] Recuperado de: http://www.seattle.gov/dpd/cs/groups/pan/@pan/
documents/web_informational/dpdd016816.pdf

[8] Méndez, Cándido. (1999). La Roda del Milenio después de Seattle. Recuperado de https://elpais.com/diario/1999/12/27/economia/
946249213_850215.html

[9] La lista de peticiones en inglés puede encontrarse en https://medium.com/@seattleblmanon3/the-demands-of-the-collective-black-voices-at-free-capitol-hill-to-the-government-of-seattle-ddaee51d3e47

[10]   Žižek, Budgen, Kouvelakis. (2010). Lenin reactivado: hacia una política de la verdad. Ediciones Akal, S.A. Madrid, España.

[11] Pluckrose, Helen. (2018). Cultural marxism: threat or myth? Recuperado de https://medium.com/@Carnaina/el-marxismo-cultural-es-un-mito-la-amenaza-viene-de-otra-parte-96bf48af8dd1


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