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El Salvador hoy, una mirada necesaria para los venezolanos | por @Juliococo

Antes de iniciar esta lectura necesito que comprendas dos cosas:

1.- Por motivos de ley y mi perfil político hay omisiones intencionales en este texto, espero puedas entenderlas.

2.- Acá no encontrarás valoraciones éticas, solo institucionales y estratégicas.

Entendido esto, vamos al contexto:

El Salvador es un país que tiene décadas de violencia y delincuencia acumulados, desde la guerra de guerrillas hasta las organizaciones delincuenciales conocidas como “Las Maras”, siendo el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y la Mara Salvatrucha los máximos exponentes de ambos fenómenos que, por su propia dinámica, configuran un estado donde el tráfico de armas, el narcotráfico, sicariato/asesinatos y sus ramificaciones en la estructura política e instituciones han hecho del país centroamericano un epicentro de violencia social de los primeros del planeta cobrando miles de vidas de salvadoreños a lo largo de los años, creando un clima generalizado de miedo y resentimientos en la base social.

En esa circunstancia surge el Presidente actual de El Salvador Nayib Bukele, un comerciante con ideas modernas que llega a la alcaldía con apoyo del FMLN y bien usando herramientas de internet se redefine políticamente aumentado su liderazgo y propuesta, funda un nuevo partido político (GANA) irrumpiendo como candidato de tercera vía logrando la victoria de la presidencia. Su estilo de comunicación política le ha dado el perfil de “Milennial”, “Fancy”, simpático y muy cercano a sus electores por su interacción en las redes sociales. Su momento más cumbre fue su discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas donde se lanzó un selfie y aseguró que “Créanme, muchas más personas verán esta selfie que las que escucharán este discurso”.

Tras su popularidad y novedad hay algo serio, una propuesta en desarrollo que -sin dudas- tiene mucho apoyo en su electorado: El Plan de Control Territorial.

El Plan de Control Territorial es un plan en desarrollo para disminuir la criminalidad y los asesinatos en El Salvador, los datos dados por el poder ejecutivo y los datos de organizaciones y medios de comunicación coinciden en la criminalidad sí ha disminuido; en ello, Bukele centra la promoción de su gestión al mismo tiempo que opositores y ONG´s de Derechos Humanos afirman que el plan tiene una cara no legal, extrajudicial, “Limpieza” sería una palabra que los venezolanos podríamos usar para entenderlo.

El hecho: Para la siguiente fase del Plan de Control Territorial, el presidente necesita aprobación del congreso para solicitar un crédito, varias fracciones de congresistas constituyeron una mayoría que usando su marco político legal de acción se han negado a aprobar tal crédito. Ante eso, Bukele ha presionado, con un tecnicismo jurídico intentó forzar la aprobación y no lo logró. Entonces, con el apoyo de la Fuerza Armada, intentaron forzar la aprobación ingresando efectivos militares a la sede del congreso; los diputados que se oponen no cedieron, y con otro tecnicismo legal Bukele amenazó con “Insurreción” -es decir, un autogolpe- usando como base argumental el apoyo mayoritario de los salvadoreños y de las fuerzas armadas al Plan de Control Territorial. Así inició y se desarrolla hoy esta crisis política en El Salvador.

Viéndolo desde el ángulo democrático-institucional, el poder legislativo tiene facultad, legalidad y legitimidad para apoyar o detener cualquier iniciativa del poder ejecutivo, es parte de sus funciones fundamentales. Cualquier forma de coacción del poder ejecutivo al legislativo es un atentado institucional, no es admisible y, ahondando en el tema, es el arte de la política.

Viéndolo desde el ángulo de las necesidades de la sociedad salvadoreña, es labor del congreso contribuir y facilitar las acciones para combatir el crimen y la violencia dentro del marco de la ley. Esto abre muchas dudas sobre las facciones políticas que niegan de plano el plan, sobre ello, el Presidente los acusa de ser brazos y operadores de la delincuencia organizada.

Acá surgen las preguntas y valoraciones donde lo único que no está en duda es la debilidad institucional de El Salvador:

  • ¿Está bien que el Presidente viole la ley y las instituciones democráticas en pro de disminuir la criminalidad y la violencia?
  • ¿Puede el mundo democrático avalar un autogolpe en este contexto?
  • ¿Es la coacción militar la única opción para lograr los apoyos necesarios para continuar el plan?
  • ¿Se hizo previamente una estrategia política para obtener apoyos políticos, legales y financieros que garanticen el cumplimiento de los objetivos fundamentales del plan?

Como venezolanos que vivimos y sufrimos el estado forajido chavista tenemos respuestas lógicas a estas preguntas, son nuestros sentimientos y necesidades; pero no significa que sean las respuestas correctas para un estado como El Salvador, mucho menos para el mundo democrático. Lo correcto y estratégico es responder sin dudar ¡No! a estas cuatro preguntas, y allí debemos hacer foco y viene mi preocupación política-estratégica:

Estando de acuerdo con los objetivos del plan, es inaudito iniciarlo sin tener los apoyos indispensables y sin estrategia, con ello no solo me refiero al respaldo político del poder legislativo; un proyecto de esa envergadura amerita un consenso de estado y el apoyo de las fuerzas vivas de la sociedad. Haberlo iniciado sin la estrategia de concertación de apoyos lleva a Bukele a una crisis donde si hace cierta su amenaza y da un autogolpe iniciaría una etapa incierta para los salvadoreños; pero, si retrocede será una derrota y sus opositores políticos y la delincuencia organizada irían contra él. El dilema es serio, es transformarse en un dictador o recibir el contraataque en minusvalía institucional. Vale recordar el ascenso, gestión y caída de Fujimori en Perú.

Es acá mi reflexión, la política no es para cualquiera y no es sustituible; me deja –nuevamente- la desagradable conclusión que he comentado en otras oportunidades:

“Los malos son buenos haciendo el mal y los buenos son malos haciendo el bien”.

¿Por qué los venezolanos debemos mirar a El Salvador hoy?

Porque el nivel político, económico y armado de las organizaciones criminales que hacen vida en nuestro país son miles de veces más poderosas que las salvadoreñas; porque nuestros niveles de delito y violencia pueden incrementarse aún más en el momento que haya cambio político en nuestro país. En ese punto de la historia que ha de llegar quienes tengan el poder en el gobierno de transición, las fuerzas vivas de la sociedad y nosotros como ciudadanos debemos estar preparados para ese desafío, para respondernos estas preguntas y no poner el riesgo los cambios que nos urgen como ciudadanos y como país.

Julio Jiménez Gédler

@Juliococo

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