#OpiDSD @jguaido Esperanza y Desesperación | por @Juliococo

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En estos instantes la mayoría de los venezolanos tenemos una mezcla de esperanzas y desesperación. Si eres una persona muy informada y con poco contacto social posiblemente te encuentras con más esperanzas que desesperación al ver que -más allá de las legalidades- tenemos una oportunidad real de cambio político. Pero si tienes muchísimo contacto social y poca información de calidad posiblemente la desesperación te asalte y no veas soluciones a tu vida en toda esta circunstancia que es Venezuela hoy. Entonces, muy pocos logran escapar del esquema esperanza/desesperación.

 

Cómo me estás leyendo a través de internet, y posiblemente desde un teléfono inteligente, perteneces a una minoría conectada e informada; por ello es muy probable que hoy sientas desesperación como la gran mayoría, pero con un alto nivel de esperanza, por eso, te explico:

 

Tu esperanza es lógica, la instalación Asamblea Nacional Constituyente y que ella convocara la simulación electoral presidencial fue un error de la tiranía chavista que dio bases para que gobiernos, organizaciones y corporaciones aliadas a la causa de la Libertad y la Democracia en Venezuela tomaran decisiones políticas, económicas, judiciales y posiblemente militares que pueden ocasionar el desplazamiento del PSUV del poder y el inicio de las soluciones a nuestros problemas. Y, del mismo modo, otro legalismo nos obligó como sociedad -y les facilitó a los aliados internacionales- a definir quién debe ser el Presidente de la República de Venezuela una vez de desaloje al chavismo del poder.

 

En este sentido, la esperanza hoy tiene rostro, nombre, apellido y cédula de identidad: Juan Guaidó. Quién fue designado Presidente de la Asamblea Nacional para el período 2019-2020 producto de un acuerdo de la Fracción Parlamentaria de la MUD en diciembre de 2015 (recién electos) donde para este período le correspondía la presidencia de la AN al Partido Voluntad Popular. En ese entendido, según lo estipulado en el artículo 233 de la Constitución:

 

“Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional.”

 

Es decir, por mandato constitucional y acuerdos políticos hoy Juan Guaidó está llamado a ejercer la Presidencia de la República porque Leopoldo López lo escogió para tomar su cuota de poder según el acuerdo de rotación de la directiva de la AN.

 

Explico esto porque una cosa es ver a Juan Guaidó como Presidente Interino del país y otra verlo como Líder, aunque es lógico confundirlo. Es lógico porque la oportunidad de cambio es cierta, esa la esperanza, porque Guaidó es la opción legal, legítima y apoyada por los aliados internacionales, pero sobretodo la más rápida, esa es la desesperación.

 

Entonces, más allá de los debates legalistas y análisis políticos insanos lo que nos debe ocupar son dos cosas:

 

1.- Que Guaidó ejerza efectivamente la presidencia, es decir, sacar a Maduro del poder.

2.- Quién diseña y lidera la estrategia para lograr ese objetivo.

 

Es la estrategia para usar el poder legítimo, las definiciones de los aliados internacionales y el apoyo mayoritario de la ciudadanía para confrontar y desplazar el poder ilegítimo ejercido por abuso de fuerzas militares y delincuenciales. En palabras simples, es poderes contra poderes donde la legitimidad creciente puede ejercer presiones que fragmenten y disminuyan a los tiranos para que tomen decisiones, si seguir confrontando y perder todo o negociar y salvar a algunos personajes e intereses. Pero, ese choque de poderes depende de una definición humana y una definición estratégica.

 

Lo Humano: Que Juan Guaidó se vea al espejo y vea al Presidente de Venezuela.

Lo Estratégico: Iniciar una secuencia de acciones de ejercicio de poderes.

 

En ambos sentidos no hemos visto muestras públicas, la esperanza y a la desesperación nos llevan -lógicamente- a apoyar “todo” para salir de esto ya obviando el hecho fundamental: Para sacar a Maduro Ya Guaidó debe querer ser Presidente Ya. En contraste, lo que hemos visto son apoyos y persuasiones de gobiernos extranjeros, de analistas políticos nacionales y extranjeros, de activistas y dirigentes de organizaciones políticas y ciudadanas nacionales e internacionales, y a miles de ciudadanos en las calles y en las redes sociales clamando a Juan Guaidó que asuma y ejerza el poder conferido.

 

En el marco de hechos desde el 5 de enero cuando Guaidó fue designado Presidente de la AN hasta la fecha de este escrito hemos visto varios discursos, la convocatoria a los Cabildos, la convocatoria a acciones de calle (desconocida) para el 23 de enero y un acuerdo de la AN donde se privilegió el pacto político VP-AD-PJ-UNT por encima de la instrumentación político-legislativa legal y legítima del artículo 233 de la Constitución, por encima de lo que debería ser una estrategia de volcar los poderes acumulados contra el PSUV y por encima de las exigencias ciudadanas.

 

Ante las incertidumbres se abren las especulaciones, con ellas los rumores y la información tóxica, y allí es donde muere la verdad.

 

Más allá de si hay usurpación o vacío de poder, de si debe juramentarse o no, si la AN debe aprobar ya el Estatuto de la Transición o esperar; lo cierto es que Juan Guaidó debe dar certeza que es el Presidente Interino de la República de Venezuela.

 

Más allá de si debemos ir o no a los mítines políticos, hoy llamados Cabildos; más allá de si debemos salir a manifestar el 23 de enero o no; lo cierto es que debe consolidarse la estrategia para la toma y ejercicio del poder en Venezuela.

 

Estas definiciones no están en tus manos ni en las mías, nuestra desesperación es que percibimos que no lo han hecho, nuestra esperanza es que quienes deben hacerlo lo hagan de inmediato. Pero, como la política y el poder no se definen ni se ejercen por sentimientos -la esperanza y desesperación son sentimientos- cuidemos mucho lo que creemos y lo que decidimos.

 

Yo, pongo toda mi voluntad y habilidades para trabajar para la reconstrucción de la República de Venezuela con Juan Guaidó como Presidente Interino. Como Líder de una estrategia efectiva de confrontación de poderes, hasta ahora, no veo definiciones ni estrategia por parte de Guaidó, ni de Leopoldo López, ni de Voluntad Popular, quienes vienen de una cadena de errores que no han corregido; por tanto, no puedo asumir aún su liderazgo.

 

A Juan Guaidó: Los grandes hombres definen la historia, no al revés.

 

A ti: Estamos construyendo la historia, sepamos escribirla.

 

Por Julio Jiménez Gédler

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